Hemos repartido invitaciones para alrededor de 200 personas, pero siempre hay gente que aunque invites con toda la intención de que participen del sarao, se sabe que sus circunstancias no se lo van a permitir: gente demasiado mayor para estar de fiesta, parientes de fuera de Madrid a los que les supone mucho trastorno viajar, algunas parejas que no tiene con quién dejar a los niños y viene sólo uno de ellos, algún compromiso que prefiere no asistir...
Pero esta semana un amigo muy querido nos ha dicho que no va a poder venir. Y la verdad es que lo he sentido bastante. Apenas nos vemos últimamente, pero en estas ocasiones especiales nunca solemos fallar. A él también le ha dado penita, se lo noté en la voz. Ya habrá más bodas, para empezar la suya, pero ha sido una baja inesperada.
Le conté a una amiga esta conversación unas semanas más tarde. Ella ya se ha casado, y desde su experiencia me dijo que me daría cuenta como en el momento de la gran fiesta no me voy a fijar tanto en los que no estén, y sin embargo se me quedará en el recuerdo y agradeceré sinceramente a todos los que sí estén. Creo que tiene razón, pero ¡¡no quiero más bajas inesperadas!!
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