miércoles, 28 de enero de 2009

Actualizaciones constantes...

Desde hace unos días me siento más novia... Quiero decir que ya empieza a dejar de ser "pasaba por aquí y decidí que quería casarme", sino que los temas se precipitan y tengo la agenda apretada. No hay día en que no haga algún avance sobre el bodorrio, así que trataré de hacer un resumen de tooooodas las cosas que ocupan mis pensamientos.

  • Invitaciones: Ya ha comenzado el reparto. Algunas reacciones han sido muy bonitas. Un compi del trabajo, al que tengo bastante cariño, me plantificó un besazo, y me hizo saber que era la primera boda a la que le invitaban en su vida y que estaba muy ilusionado con el acontecimiento. Espero no decepcionarle.
    La mayoría de nuestros familiares tienen su invitación a buen recaudo y sorprendentemente, a dos meses del día D, casi todo el mundo nos va confirmando. Me empiezo a preguntar si cabremos todos en el salón.
    Fiancé tuvo un pequeño susto la semana pasada cuando llevó las suyas a sus compis y al ir a repartirlas no las encontró. Al llegar a casa tuvimos una refriega porque ¿cómo narices puede uno perder sus invitaciones de boda de sus amores? En un momento dado confesó que se le podían haber caído al suelo de la oficina, lo cual aún me enervó más al pensar que nuestras invitaciones estaban rodando por moquetas extrañas... Al final las encontró, he de confesar que estaban bien guardaditas, pero bueno...

  • Luna de miel: El destino ha querido (problemas de agenda de Fiancé) que tengamos que disfrutar la luna de miel por capítulos, es decir, un aperitivo la semana después de la boda, y este verano veremos si podemos hacer algo más. Pues dicho aperitivo ya está decidido y contratado. Iremos a las Islas Canarias, como fueron mis padres hace más de 30 años, curiosamente. Tengo muchísimas ganas, no lo conocemos ninguno de los dos, y hemos tirado la casa por la ventana en lo que concierne al hotel. Será breve, pero intenso.

  • Regalitos y puros: Me apetecía bastante obsequiar con bombones, y ha sido durísimo, he estado catando bombones de tres bombonerías distintas, jejeje... no me esperaba disfrutar tanto con esta parte de la boda. Hemos optado por una bombonería que hay cerca del trabajo de mi madre en donde nos van a preparar un perifollito con cuatro bombones dentro. Están riquísimos, y espero que la gente no tarde en abrirlos para poder disfrutar de ellos mientras estén frescos.
    Y el tema de los puros... He seguido el consejo de una amiga (Silvia, he escuchado la voz de tu experiencia), y al final hemos decidido tener preparadas un par de cajas para aquellos a los que les apetezca. Gente de la liga antitabaco, lo siento, pero muchos disfrutan con el tema de fumarse un puro... sobre todo yo, qué leches.

  • Traje del novio: ¡¡Ya está!! Hace un mes o así, fuimos los dos a nuestra segunda casa (C.I.) para ver algún modelo y me ví muy verde en el tema de trajes de caballero, con lo cual acordamos que iría él con su padre. La semana pasada quedaron, y lo bueno de los chicos es que era casi imposible que no resolvieran ése mismo día. Así fué. La semana que viene iremos a recogerlo, digo iremos porque he decidido que el secretismo sólo aplica a la novia, yo quiero ver cómo le queda el traje a mi Fiancé, que nadie mejor que yo para sacar faltas.

  • Ya tenemos una canción para abrir el baile, no digo más aunque me esté muriendo de ganas porque será más bonito si es sorpresa.

  • Primeras elucubraciones con M.C. Bones. Lo mismo que el baile, la cosa promete.

  • Como decía al principio, ya estoy institucionalizada como novia porque en este punto admito, que me lo estoy pasando pipa.

sábado, 10 de enero de 2009

Cenicienta

Después de recuperarme de la "vuelta al cole" (ha sido durísimo), os cuento que ya tengo mis zapatitos preciosos, preciosos.
Los zapatos son un complemento que en la mayoría de los casos sólo se ve cuando la novia sale del coche nupcial para entrar en la Iglesia. El chófer abre la puerta y la novia tímidamente saca el pinrel sabiendo de antemano que habrá una foto que inmortalice el momento y por lo tanto hay que amortizar el gasto en zapatería. Yo espero que mis lectores el día B (día Bodorrio) me hagan "arremangarme" y marcarme un zapateado porque no va a haber coche nupcial y por tanto no va a haber ese momento, pero mis zapatos, lo merecen.
Datos.
Las opciones para los zapatos son diversas. Hay que decidir si los quieres de piel, o forrados. Muchas chicas forran los zapatos de la misma tela del vestido, y queda muy bonito. La tela de mi vestido no pega mucho para forrar unos zapatos así que aconsejada por mi sabia madre hemos optado por zapatos de piel.
Otra cosa que hay que decidir es la altura del tacón. Como dice Fiancé, yo tengo una altura "normal, tirando a grande" (obviamente me lo dice para pitorrearse), y a él sin embargo le dieron muchas espinacas de pequeño, así que para que quede bonito yo debo llevar más o menos unos 8 cms. Esto unido a que con tacones soy un pato mareado ha significado plataforma y tacón ancho.
Hay chicas que se los hacen a medida. Puede ser que porque tengan los pies muy anchos o muy estrechos, algún dedo sobresaliente (qué bonito hablar de pies)... o porque símplemente se quieren asegurar de que van a ir súper cómodas. Lo cierto es que cuesta un dineral, y como tengo un pie modélico, jeje, en un primer momento quedó descartado.
Y con estas premisas he visitado dos tiendas especializadas en zapatos de novia y de fiesta en general. La primera en la calle Alcalá, y la segunda en la calle Infanta Mercedes. Ambas muy bonitas, organizadas por colores, tienen todo lo que puedes necesitar: cerrado, abierto por detrás, sandalia, tacón alto, tacón medio, peep-toe, puntiagudo, con hebilla, el bolso a juego... Te sacan los zapatos que te gusten, te dan unos calcetines de nylon para que te los pruebes y son conscientes de que necesitas al menos 15 minutos de andar para arriba y para abajo con ellos puestos para dar un veredicto. Allí estaba yo, con el vaquero subido en plan vendimiadora y mis zapatos divinos tienda arriba, tienda abajo. Me decidí, y ya los tengo en el armario.
Ahora me dedico a hacer prácticas por casa, aprovechando que en el piso de abajo hay unos tíos que nos caen fatal, me pongo mis zapatitos y practico un poco al llegar del trabajo. Me encanta verme los piececillos con esos zapatos. No parecen mis pies, si no los de Cenicienta.